Julio 2008


“¿Qué es el amor? Muchas personas piensan en él como una mera atracción física y hablan de ‘enamorarse’ y de ‘enamorarse a primera vista’. Esta idea puede aparecer en una película de Hollywood y la interpretación que le dan los que escriben canciones y novelas de amor. El amor verdadero no viene envuelto en un material tan frívolo. Uno puede sentirse inmediatamente atraído por otra persona, pero el amor es mucho más que la  atracción física. Es profundo, extenso y comprensivo. La atracción física es solamente uno de sus muchos elementos, al que deben agregársele la fe, la confianza, la comprensión y el compañerismo. Deben existir ideales y normas comunes, así como una gran devoción y compañerismo. El amor es limpieza, progreso, sacrificio y abnegación. Esta clase de amor nunca se cansa ni desvanece, sino que subsiste a través de la enfermedad y la aflicción, la pobreza y la privación, los logros y las decepciones, el tiempo y la eternidad” (Love versus Lust, pág. 18).

“Si alguien realmente ama a otra persona, preferiría morir antes de causarle daño” (Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 279).

Mientras servía como Primer Consejero de la Primera Presidencia, el presidente Gordon B. Hinckley dijo:

“El matrimonio es, en el verdadero sentido, una sociedad de dos personas iguales, en el que ninguno ejerce dominio sobre el otro; más bien, cada uno ayuda a su compañero en las responsabilidades y aspiraciones que éste pueda tener” (“Yo creo”, Liahona, marzo de 1993, pág. 7).

El élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Nunca se quiso decir que únicamente la mujer debía adaptarse a los deberes del sacerdocio de su esposo o de sus hijos. Por supuesto que ella debe sostenerlos y apoyarlos y animarlos.

“A su vez, los poseedores del sacerdocio deben adaptarse a las responsabilidades y necesidades de la esposa y madre. Su bienestar físico, emocional, intelectual y cultural y su desarrollo espiritual deben estar entre los primeros deberes del sacerdocio.

“No hay tarea, por pequeña que parezca, relacionada con el cuidado de los

bebés, la alimentación de los niños o con el mantenimiento del hogar que no sea una obligación igual [para el marido]” (“A Tribute to Women”, Ensign, julio de 1989, pág. 75).

El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, aconsejó a los poseedores del sacerdocio: “Como esposo y digno poseedor del sacerdocio, querrás emular el ejemplo del Salvador, cuyo sacerdocio posees. El dar de ti mismo a tu esposa e hijos será tu foco principal en la vida. De vez en cuando, un hombre intenta controlar el destino de todos los miembros de la familia; él es quien toma todas las decisiones, y la esposa está sujeta a sus caprichos.

El hecho de que ésa sea la costumbre no tiene importancia. No es la manera

del Señor. No es la forma en que un Santo de los Últimos Días trata a su esposa y a su familia” (“Recibe las bendiciones del templo”, Liahona, julio

de 1999, pág. 30).

¿Cuáles son algunas de las cosas que hacen los esposos y las esposas cuando se valoran como iguales los unos a los otros?

a. Comparten la responsabilidad de asegurarse de que la familia ore junta, de que se lleve a cabo la noche de hogar y de que estudien juntos las Escrituras.

b. Juntos planifican la forma en que se emplean las finanzas de la familia.

c. Se consultan y llegan a un acuerdo con respecto a los reglamentos del hogar y a la forma de aplicar la disciplina a los niños. Los hijos ven que sus padres están unidos en esas decisiones.

d. Planifican juntos las actividades familiares.

e. Ambos ayudan en las responsabilidades del hogar.

f. Asisten juntos a la Iglesia.