Jose Smith y Emma.

Jose Smith y Emma.

I. RESPETO MUTUO

 

La primera de estas cuatro piedras angulares es el respeto mutuo. Cada uno de nosotros es una persona distinta; somos entes autónomos. Y esas cosas que nos hacen diferentes merecen ser respetadas. Y aun cuando es necesario que el hombre y la mujer se esfuercen por acortar tales diferencias, se deben reconocer que existen y que no son necesariamente indeseables. Debe existir respeto del uno para con el otro, por encima de esas diferencias. De hecho, son precisamente esas diferencias las que hacen el matrimonio algo más interesante. Por mucho tiempo he sostenido que la felicidad en el matrimonio no depende tanto del romanticismo como del constante interés hacia el bienestar del cónyuge. Eso requiere estar dispuesto a pasar por alto debilidades y errores. Un hombre dijo: “El amor no es ciego -el amor ve más, no menos. Pero precisamente por ver más, está dispuesto a ver menos.” Oulius Gordon, Treasure Chest, ed. Charles L. Wallis [New York: Harper 'lnd Row, .1965], pág. .168.) Muchas son las personas que deben dejar de buscar errores y comenzar a reconocer las virtudes. U n conocido escritor declaró en una oportunidad que “la esposa ideal es cualquier mujer casada con un hombre ideal”. (Booth Tarkington, Looking Forward and Others [1926], pág. 97.) Lamentablemente, hay mujeres que quieren volver a crear a sus respectivos esposos conforme a su diseño. Algunos esposos lo aceptan como su prerrogativa a fin de esperar que sus esposas se ajusten a aquellas normas que ellos consideran ideales. Eso jamás da resultado. Lleva únicamente a la contención, a la falta de comprensión ya la amargura. Debe existir respeto hacia los intereses mutuos. Debe haber oportunidades y estímulos para el desarrollo y la expresión de los talentos individuales. Todo hombre que niega a su esposa el tiempo y el estimulo para que ella desarrolle sus talentos se niega así mismo ya sus hijos una bendición que podría engalanar su hogar y su vida. Es común que digamos que somos hijos e hijas de Dios. El evangelio no ofrece ninguna base para suponer que exista superioridad e inferioridad entre el hombre y la mujer. ¿Es que acaso creemos que Dios, nuestro Padre Eterno, ama menos a sus hijas que ha sus hijos? Ningún hombre puede menospreciar a su es- posa e interiorizarla como hija de Dios sin ofender al hacerlo a su Padre Celestial. Me ofende la sofistería de que para lo único que sirve una mujer Santo de los Últimos Días es para “estar confinada en la casa y embarazada”. Se trata de una frase astuta, pero falsa. Por supuesto que creemos en tener hijos. El Señor nos dijo que nos multiplicáramos en la tierra a fin de poder tener gozo en nuestra posteridad, y no hay mayor gozo que aquel que deriva de tener hijos felices y darles un buen hogar. Pero el Señor no ha especificado cantidad alguna ni tampoco lo ha hecho la Iglesia. Ese es un asunto que queda entre la pareja y el Señor. La declaración oficial de la Iglesia en este asunto dice lo siguiente: “Los esposos deben ser considerados para con sus respectivas esposas, quienes tienen la mayor responsabilidad no solamente de dar a luz a los hijos sino de velar por ellos desde su infancia, y deben ayudarlas a conservarse saludables y fuertes. Las parejas casadas deben ejercer autocontrol en todos los aspectos de su relación. Deben procurar la inspiración del Señor en todas las instancias de su vida matrimonial y en la crianza de sus hijos conforme a las enseñanzas del evangelio.” (Manual general de instrucciones, sección 11, “Normas”) Esposos, esposas, respétense mutuamente y vivan dignos de ese respeto mutuo. Cultiven esa clase de respeto que se expresa a sí mismo en la bondad, en la contemplación, en la paciencia, en el perdón, en el verdadero afecto, sin prepotencia y sin exceso de autoridad.

II. LA BLANDA RESPUESTA

Ahora paso a la segunda piedra angular. Por carecer de una definición mejor, la llama- ré “la blanda respuesta”. El escritor de los Proverbios declaró hace mucho tiempo: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios15:1). A menudo escucho quejas de hombres y mujeres en el sentido de que no se pueden comunicar entre sí. Es posible que yo sea muy ingenuo, pero es algo que no puedo entender. La comunicación está basada en gran parte en la conversación. Toda pareja tiene que haber tenido algo de comunicación cuando estaban de novios. ¿Es que acaso no pueden seguir hablando?… ¿Hay acaso algo que les impida analizar juntos en una forma sincera, espontánea y feliz todos sus intereses, sus problemas y sus aspiraciones? Personalmente considero que la comunicación está basada en el hablar el uno con el otro. Hagamos que esa conversación sea blanda, placentera, la conversación manda ese lenguaje, es el lenguaje de la paz, es el lenguaje de Dios Es precisamente cuando levantamos la voz que los pequeños peñascos de las diferencias se transforman en montañas de conflictos. Me da la impresión de que hay algo bastante significativo en la descripción de Elías cuando disputó con los sacerdotes de Baal: “Un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas.” Se trata de una descripción vivida de algunas de las discusiones que tienen lugar entre esposo y esposa, pero el autor de este pasaje de las Escrituras agrega: “Pero Jehová no estaba en el viento. y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego.. y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12). La voz de los cielos es un silbo apacible y delicado. También) lo debe ser la voz de paz en el hogar . Existe una gran necesidad de disciplina en el matrimonio, y no disciplina impuesta sobre el cónyuge, sino sobre uno mismo. Esposos y esposas, recuerden que ‘¡mejor es el que tarda en airarse que el fuerte” (Proverbios 16:32) Cultiven el arte de la respuesta blanda. Será una bendición para sus hogares, para sus vidas, para el matrimonio en sí y para los hijos.

III. HONRADEZ EN LA ECONOMIA

La piedra angular número tres es la honradez en la economía. He llegado a la conclusión de que el dinero es causa de mayor discordia en el matrimonio que todas las demás causas combinadas. Sé que no hay mejor disciplina ni otra más merecedora de bendiciones que la obediencia al mandamiento dado al antiguo Israel mediante el profeta Malaquías: “Traed todos los diezmos al alfolí y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielo.”, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3: 10). Aquellos que viven honradamente para con Dios casi de seguro vivirán honradamente para con su prójimo. Al asegurarse de cumplir con el pago de su diezmo y ofrendas, ganarán disciplina en la administración de sus propios recursos. Vivimos en una época de propaganda persuasiva y de habilidosos vendedores, todo ello con el fin de inducirnos a gastar. Un esposo o esposa de hábitos extravagantes puede poner en peligro cualquier matrimonio. Considero que es un buen principio que todos tengamos algo de libertad en nuestros gastos cotidianos, pero que al mismo tiempo analicemos y lleguemos a acuerdos en cuanto a gastos mayores. Nos enfrentaríamos a menos decisiones apresuradas, amenos inversiones insensatas, a menos consecuentes pérdidas ya menos bancarrotas si el marido y la mujer se sentaran y analizaran tales asuntos juntos y buscaran el consejo de otras personas. Sean honrados para con él. Señor. Sean honrados el uno para con el otro como matrimonio. Sean honrados para con el prójimo. Hagan del pago de sus deudas a tiempo un principio cardinal en sus vidas. Consúltense mutuamente y sean unidos en las decisiones que tomen, y el Señor Ies bendecirá por esto.

IV. ORACION FAMILIAR

La piedra angular final sobre la cual edificar una familia es la oración familiar. No sé de ninguna otra práctica que tenga un efecto más saludable en la vida de una familia que la de inclinarse juntos en oración. Las palabras “Nuestro Padre Celestial.” en sí tienen un efecto enorme. Uno no puede pronunciarlas con sinceridad y reconocimiento a menos que se sienta responsable hacia Dios. Las pequeñas tormentas que parecen afligir a todo matrimonio adquieren poca consecuencia cuando uno se arrodilla ante el Señor y se dirige a Él en súplica. Las conversaciones diarias que tengan con El, llevaran una paz al corazón y una dicha… El compañerismo se enternecerá con el paso de los años, y el amor se fortalecerá. El aprecio mutuo crecerá. Los hijos se verán bendecidos con un sentimiento de seguridad que deriva de vivir en un hogar en donde rodea el Espíritu de Dios. Ellos aprenderán a amar a padres que se aman entre sí y nutrirán sus corazones con un espíritu de respeto. Experimentarán la seguridad de palabras tiernas pronunciadas en forma apacible. Se cobijarán en el refugio que ofrecen un padre y una madre que, viviendo honradamente para con Dios, viven honrada- mente entre ellos y para con su prójimo. Madurarán en un sentimiento de reconocimiento al escuchar a sus padres expresar agradecimiento en oración por las bendiciones gran- des y por las pequeñas. Crecerán con fe en el Dios viviente. Ese vínculo se endulzará y se fortalecerá con el paso del tiempo y permanecerá por toda la eternidad. El amor y el aprecio mutuos crecerán, y con el paso de los años upo podrá decir como una famosa poetisa la hizo: “Cuánto te amo, déjame decirte. Te amo más con el paso de los días. Te amo en silencio ante la luz del sol y ante la apacible de una vela. Te amo libremente, como quien busca lo bueno. Te amó con pureza, como quien lo sencillo anhela. “Te amo con mi aliento, con lo triste y lo alegre que la vida da; y si así Dios lo dispone, mucho más te amaré en.la eternidad.”

Presidente Gordon B. Hinckley