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Delegar tareas del hogar en los niños desde pequeños es de suma importancia por todo lo que significará en sus vidas, tanto en su relación con los padres como por los hábitos que adquirirán. Hacerlo nos lleva a contemplar dos aspectos. Uno tiene que ver con las protestas que tendremos que escuchar de los niños por darles tareas pequeñas o fáciles y reservarnos para nosotros las que les parecen más emocionantes. El otro, es el esfuerzo que significa enseñarles a realizar pequeñas tareas. 
La tentación de pensar ‘yo lo hago más rápido solo/a’ llega a ser muy seductora, pero enseñar a los niños a trabajar es importante para su desarrollo y es un medio para disfrutar con ellos mientras cumplimos con nuestras tareas; les estaremos enseñando a hacer bien las cosas y a ser responsables.
Aquí 6 sugerencias para delegar correctamente en el hogar
Decidir
Al analizar que asignaciones pueden darse a los niños, hay que pensar en: ¿Qué se logrará al delegar? ¿Qué trabajos podrían delegarse? ¿Qué trabajos los niños pueden aprender a realizar?
Converse con su esposo/a, si está casado/a y arme un programa consensuado. Cuando hayan logrado un acuerdo, preséntelo en una noche de hogar o reunión familiar.
En el armado del plan, seguramente se presentarán los siguientes bloqueos internos que habrá que desechar:
  • Yo lo puedo hacer más rápido. Ciertamente se necesitará más paciencia y más tiempo al poner en práctica el plan, pero es hacerlo es una inversión importante y no un gasto.
  • Quiero que se haga perfecto. Es probable, pero enseñar exige contemplar la posibilidad de errores. Es parte del aprendizaje. Si les mostramos que confiamos en que lo pueden hacer bien, seguramente lo harán así.
  • No delegue cosas triviales sólamente. Mostrarles que su ayuda nos permitirá ocuparnos de otras cosas.
Dividir
Presente a la familia un plan, pero cuide de ser flexible y permita que cada miembro de la familia de su opinión sobre como debería ser puesto en práctica. Acepte cambiar y redistribuir las tareas asignadas previamente. Aunque le parezca insignificante, esa actitud ayudará en los resultados.
Cuidado con los siguientes bloqueos que pueden surgir en su mente:
  • No es un plan suficientemente organizado. Piense en esto como un proyecto en desarrollo más que en un gran evento institucional. Los hechos se darán día a día y hay tiempos para hacer los ajustes necesarios.
  • Mis hijos no son capaces. Tenga confianza en ellos y se sorprenderá de las cosas que pueden hacer por ellos mismos.
   Deliberar
Las noches de hogar para la familia ofrecen una excelente oportunidad para decidir quién hace cada cosa. Durante la reunión cada uno puede tomar la responsabilidad por sus tareas. Hay que buscar acuerdos y eliminar sentimientos de desigualdad. Si es necesario, redistribuir. La noche de hogar es una ayuda para enseñar a los niños en cuanto a la importancia de ser responsables.
Cuidado con los siguientes pensamientos:
  • Mis hijos están muy ocupados. Usted también está ocupado y delegar hace que la vida familiar sea un trabajo de equipo. Esto permitirá que todos puedan hacer algo más en sus días y semanas ocupadas.
  • Algunos niños trabajan mejor que otros. De trabajos específicos de tal manera que cada niño tenga que responder por su porción. No etiquete trabajos de ‘varón’ o de ‘mujer’. Cada niño debería aprender a hacer cada tipo de tarea. Tenga cuidado de no asignar trabajos a los más grandes o a los más capaces; distribuya con equidad y cuide que todos tengan la oportunidad de trabajar.
Demostrar
Las tareas se cumplen mejor cuando explicamos el qué, por qué y cómo de cada una. Aunque puede parecer cansador y significar tiempo, se ahorrará muchos dolores de cabeza (para todas las partes) si capacita adecuadamente. Una vez que hayan aprendido, déles el espacio que necesiten y no gaste tiempo en controles excesivos y menos que menos en críticas.
No permita las siguientes ideas:
  • Soy criatura de hábito. Oblíguese a a pensar en nuevas maneras de hacer las cosas; usualmente obtendrá mejores resultados.
  • No lo hacen a mi manera. Esté abierto a que las cosas pueden ser hechas de distinta manera. Sus hijos pueden encontrar una mejor forma de cumplir una tarea que Ud.
Disciplina
Deje en claro en la noche de hogar en que traten el plan, que cada uno es responsable por las tareas que haya acordado cumplir y que cada acción tiene una consecuencia apropiada. Muy importante: sea consistente (especialmente entre los padres).
Pensamientos a erradicar:
  • Siento lástima por ellos. Siempre debe ser justo y no experimentar sentimientos de culpa cuando sus oídos escuchen: ‘Yo siempre hago todo el trabajo’, o ‘Yo lo hice la última vez’.
  • Mis hijos esperan que les pague. Siempre reconozca el cumplimiento y ocasionalmente puede dar alguna recompensa. El reconocimiento adecuado hará más por fortalecer su autoestima y amor por el trabajo que una cuenta de ahorros (aunque los niños opinen distinto)
  • Mis hijos rehusan hacer el trabajo. Restrinjan las distracciones hasta que el trabajo esté hecho.
  • Los adolescentes son intolerables. Comuniquese abiertamente con ellos y esté seguro de respetar sus opiniones y su tiempo, pero sea firme si ellos no cumplen con su parte del acuerdo.
  Determinación
Ud. puede hacerlo! Por supuesto no será fácil. Al hacer ésto se está comprometiéndo junto con su esposo/a y comprometiendo a sus hijos a una nueva forma de vida en la familia, pero manténgase firme y no desista. Durante los días en que desee abandonar (seguramente vendrán), tome un breve descanso, reconsidere y siga adelante con el proyecto. Los resultados lo valen.
Una vez que haya decidido que hacer, dividido y deliberado las tareas, recuerde ser consistente con su demostración, la disciplina y su propia determinación.
Una vez que haya implementado estas sugerencias, no volverá a sentirse solo con toda la carga. Tendrá un proyecto y un equipo. 
Hay más valor en enseñar a los hijos a trabajar que tan sólo en tener una casa o un jardín limpio. Trabajando juntos como familia alimentará el amor, aún en los días complicados, y desarrollará buenos hábitos en los niños que les ayudarán cuando sean adultos.
Fuente: www.estilosud.com

forever

Con las crecientes responsabilidades, la vida suele volverse muy agitada. Niños, trabajo y llamamientos en la Iglesia van requiriendo cada vez más atención y muchas veces la relación del matrimonio inconscientemente va perdiendo lugar en la lista de prioridades. Pero hay que tener en cuenta que los niños crecen y se van, llega el retiro en el trabajo al igual que los relevos en los llamamientos eclesiásticos. Entonces, cuando más deberíamos disfrutar de la vida con nuestro cónyuge, nos encontramos con una realidad: que hemos descuidado peligrosamente nuestra vida matrimonial. Por tal motivo, es de suma importancia que demos una especial atención a mantener nuestra relación de pareja activa y divertida, algo que podremos lograr con pequeños detalles y sin descuidar nuestras otras responsabilidades, si es que nos lo proponemos. Para ello, una sugerencia para tener en cuenta:

Acuerden una noche a la semana para tener una cita como pareja. Es una de las mejores decisiones que uno puede tomar para mantener la magia en el matrimonio. Una noche a la semana reservada para el matrimonio. Si surge un compromiso inevitable, todavía se puede cambiar para otra noche. Estas citas no necesariamente tienen que significar gastos. Cuando hay niños pequeños, encontrar quien se quede con ellos puede ser un tema a resolver, pero seguramente hay familiares o amigos dispuestos a cuidarlos por algunas horas; se puede pedir ayuda a las mujeres jóvenes del barrio o combinar con otro matrimonio para intercambiar favores en el cuidado de los niños, para que ambos puedan disfrutar de la cita semanal. Uno puede cuidarlos el viernes y el otro el sábado. Si uno se lo propone, la solución aparecerá. Además, la salida no necesariamente tiene que durar muchas horas; lo que en verdad importa es la calidad que le demos a ese tiempo. Para ello conviene respetar algunas pocas reglas:

1.- Límite del 50% en la conversación sobre los niños. Mientras estemos en la cita, respetar esta regla es fundamental. Sólo un 50% del tiempo está permitido hablar sobre los niños. Puede ser un desafío muchas veces pero es importante cumplirlo. Hablemos de nuestros proyectos, eventos recientes, trabajo, metas, hobbies, películas, libros, etc. Cualquier tema en el 50% restante, menos hijos. Es importante sacarse los sombreros de ‘mamá’ y ‘papá’, y ponerse el de esposos.

2.- No caer en la rutina. Hay que ser creativo y no caer en hacer lo mismo cada semana.

3.- Recordar que se está en una cita. Puede ser que estar en shorts y pantuflas nos haga sentir más cómodos; que afeitarse, peinarse, maquillarse, y cualquier otra preparación para salir requiera algún esfuerzo, pero solamente hay que recordar cuanto uno cuidaba esos aspectos en la época de noviazgo para darle la importancia que tiene. Aunque nos hayamos casado, la cita conserva el nivel que tenía en aquellos años.

4.- Prohibido hablar de problemas. La cita no debe convertirse en una sesión de desahogo personal. Ambas partes pueden haber tenido días de tensión, pero no se debe usar ese tiempo para descargarse. Es un tiempo para disfrutar, para reconfirmar la conquista mutua cada semana, para compartir los intereses que nos unieron y para divertirse. Hablar sobre lo que haremos cuando los hijos se vayan de la casa y trabajar sobre esos proyectos nos ayudará en el momento en que esos tiempos lleguen.

5.- Apagar celulares. Hoy los teléfonos celulares han logrado inmiscuirse en las vidas de las personas como virus poderosos y agresivos. Se los escucha sonar en cines, teatros, conciertos, reuniones de todo tipo, almuerzos, entrevistas, colectivos, y en todo lugar de la casa. Pareciera que todo puede esperar, menos el sonido del celular. Pero durante la cita, debe ser una ley apagarlo o también terminará interfiriendo en la pareja.

6.- Disfrutar del cortejo. El cortejo no se limita al noviazgo. Es importante mantenerlo a través de los años de matrimonio. El trato especial del uno hacia el otro, el deseo de estar atractivo y arreglado para el compañero, el buen humor, la cortesía y el deslumbrar son aspectos fundamentales para tener en cuenta siempre, pero con más razón en la cita.

Nuestro matrimonio es una sociedad eterna, con un potencial glorioso y divino. Ningún otro proyecto o interés debe anteponerse y si bien las responsabilidades familiares, laborales y/o eclesiásticas por épocas pueden generar una carga importante, no sería sabio que les demos prioridad. Puede que en momentos nos requieran cantidades de tiempo importante pero nunca al punto de ganar lugar en nuestra escala de intereses. Una cita a la semana, si bien en horas no signifique mucho, en la relación puede ser fundamental.

 

Jose Smith y Emma.

Jose Smith y Emma.

I. RESPETO MUTUO

 

La primera de estas cuatro piedras angulares es el respeto mutuo. Cada uno de nosotros es una persona distinta; somos entes autónomos. Y esas cosas que nos hacen diferentes merecen ser respetadas. Y aun cuando es necesario que el hombre y la mujer se esfuercen por acortar tales diferencias, se deben reconocer que existen y que no son necesariamente indeseables. Debe existir respeto del uno para con el otro, por encima de esas diferencias. De hecho, son precisamente esas diferencias las que hacen el matrimonio algo más interesante. Por mucho tiempo he sostenido que la felicidad en el matrimonio no depende tanto del romanticismo como del constante interés hacia el bienestar del cónyuge. Eso requiere estar dispuesto a pasar por alto debilidades y errores. Un hombre dijo: “El amor no es ciego -el amor ve más, no menos. Pero precisamente por ver más, está dispuesto a ver menos.” Oulius Gordon, Treasure Chest, ed. Charles L. Wallis [New York: Harper 'lnd Row, .1965], pág. .168.) Muchas son las personas que deben dejar de buscar errores y comenzar a reconocer las virtudes. U n conocido escritor declaró en una oportunidad que “la esposa ideal es cualquier mujer casada con un hombre ideal”. (Booth Tarkington, Looking Forward and Others [1926], pág. 97.) Lamentablemente, hay mujeres que quieren volver a crear a sus respectivos esposos conforme a su diseño. Algunos esposos lo aceptan como su prerrogativa a fin de esperar que sus esposas se ajusten a aquellas normas que ellos consideran ideales. Eso jamás da resultado. Lleva únicamente a la contención, a la falta de comprensión ya la amargura. Debe existir respeto hacia los intereses mutuos. Debe haber oportunidades y estímulos para el desarrollo y la expresión de los talentos individuales. Todo hombre que niega a su esposa el tiempo y el estimulo para que ella desarrolle sus talentos se niega así mismo ya sus hijos una bendición que podría engalanar su hogar y su vida. Es común que digamos que somos hijos e hijas de Dios. El evangelio no ofrece ninguna base para suponer que exista superioridad e inferioridad entre el hombre y la mujer. ¿Es que acaso creemos que Dios, nuestro Padre Eterno, ama menos a sus hijas que ha sus hijos? Ningún hombre puede menospreciar a su es- posa e interiorizarla como hija de Dios sin ofender al hacerlo a su Padre Celestial. Me ofende la sofistería de que para lo único que sirve una mujer Santo de los Últimos Días es para “estar confinada en la casa y embarazada”. Se trata de una frase astuta, pero falsa. Por supuesto que creemos en tener hijos. El Señor nos dijo que nos multiplicáramos en la tierra a fin de poder tener gozo en nuestra posteridad, y no hay mayor gozo que aquel que deriva de tener hijos felices y darles un buen hogar. Pero el Señor no ha especificado cantidad alguna ni tampoco lo ha hecho la Iglesia. Ese es un asunto que queda entre la pareja y el Señor. La declaración oficial de la Iglesia en este asunto dice lo siguiente: “Los esposos deben ser considerados para con sus respectivas esposas, quienes tienen la mayor responsabilidad no solamente de dar a luz a los hijos sino de velar por ellos desde su infancia, y deben ayudarlas a conservarse saludables y fuertes. Las parejas casadas deben ejercer autocontrol en todos los aspectos de su relación. Deben procurar la inspiración del Señor en todas las instancias de su vida matrimonial y en la crianza de sus hijos conforme a las enseñanzas del evangelio.” (Manual general de instrucciones, sección 11, “Normas”) Esposos, esposas, respétense mutuamente y vivan dignos de ese respeto mutuo. Cultiven esa clase de respeto que se expresa a sí mismo en la bondad, en la contemplación, en la paciencia, en el perdón, en el verdadero afecto, sin prepotencia y sin exceso de autoridad.

II. LA BLANDA RESPUESTA

Ahora paso a la segunda piedra angular. Por carecer de una definición mejor, la llama- ré “la blanda respuesta”. El escritor de los Proverbios declaró hace mucho tiempo: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios15:1). A menudo escucho quejas de hombres y mujeres en el sentido de que no se pueden comunicar entre sí. Es posible que yo sea muy ingenuo, pero es algo que no puedo entender. La comunicación está basada en gran parte en la conversación. Toda pareja tiene que haber tenido algo de comunicación cuando estaban de novios. ¿Es que acaso no pueden seguir hablando?… ¿Hay acaso algo que les impida analizar juntos en una forma sincera, espontánea y feliz todos sus intereses, sus problemas y sus aspiraciones? Personalmente considero que la comunicación está basada en el hablar el uno con el otro. Hagamos que esa conversación sea blanda, placentera, la conversación manda ese lenguaje, es el lenguaje de la paz, es el lenguaje de Dios Es precisamente cuando levantamos la voz que los pequeños peñascos de las diferencias se transforman en montañas de conflictos. Me da la impresión de que hay algo bastante significativo en la descripción de Elías cuando disputó con los sacerdotes de Baal: “Un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas.” Se trata de una descripción vivida de algunas de las discusiones que tienen lugar entre esposo y esposa, pero el autor de este pasaje de las Escrituras agrega: “Pero Jehová no estaba en el viento. y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego.. y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12). La voz de los cielos es un silbo apacible y delicado. También) lo debe ser la voz de paz en el hogar . Existe una gran necesidad de disciplina en el matrimonio, y no disciplina impuesta sobre el cónyuge, sino sobre uno mismo. Esposos y esposas, recuerden que ‘¡mejor es el que tarda en airarse que el fuerte” (Proverbios 16:32) Cultiven el arte de la respuesta blanda. Será una bendición para sus hogares, para sus vidas, para el matrimonio en sí y para los hijos.

III. HONRADEZ EN LA ECONOMIA

La piedra angular número tres es la honradez en la economía. He llegado a la conclusión de que el dinero es causa de mayor discordia en el matrimonio que todas las demás causas combinadas. Sé que no hay mejor disciplina ni otra más merecedora de bendiciones que la obediencia al mandamiento dado al antiguo Israel mediante el profeta Malaquías: “Traed todos los diezmos al alfolí y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielo.”, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3: 10). Aquellos que viven honradamente para con Dios casi de seguro vivirán honradamente para con su prójimo. Al asegurarse de cumplir con el pago de su diezmo y ofrendas, ganarán disciplina en la administración de sus propios recursos. Vivimos en una época de propaganda persuasiva y de habilidosos vendedores, todo ello con el fin de inducirnos a gastar. Un esposo o esposa de hábitos extravagantes puede poner en peligro cualquier matrimonio. Considero que es un buen principio que todos tengamos algo de libertad en nuestros gastos cotidianos, pero que al mismo tiempo analicemos y lleguemos a acuerdos en cuanto a gastos mayores. Nos enfrentaríamos a menos decisiones apresuradas, amenos inversiones insensatas, a menos consecuentes pérdidas ya menos bancarrotas si el marido y la mujer se sentaran y analizaran tales asuntos juntos y buscaran el consejo de otras personas. Sean honrados para con él. Señor. Sean honrados el uno para con el otro como matrimonio. Sean honrados para con el prójimo. Hagan del pago de sus deudas a tiempo un principio cardinal en sus vidas. Consúltense mutuamente y sean unidos en las decisiones que tomen, y el Señor Ies bendecirá por esto.

IV. ORACION FAMILIAR

La piedra angular final sobre la cual edificar una familia es la oración familiar. No sé de ninguna otra práctica que tenga un efecto más saludable en la vida de una familia que la de inclinarse juntos en oración. Las palabras “Nuestro Padre Celestial.” en sí tienen un efecto enorme. Uno no puede pronunciarlas con sinceridad y reconocimiento a menos que se sienta responsable hacia Dios. Las pequeñas tormentas que parecen afligir a todo matrimonio adquieren poca consecuencia cuando uno se arrodilla ante el Señor y se dirige a Él en súplica. Las conversaciones diarias que tengan con El, llevaran una paz al corazón y una dicha… El compañerismo se enternecerá con el paso de los años, y el amor se fortalecerá. El aprecio mutuo crecerá. Los hijos se verán bendecidos con un sentimiento de seguridad que deriva de vivir en un hogar en donde rodea el Espíritu de Dios. Ellos aprenderán a amar a padres que se aman entre sí y nutrirán sus corazones con un espíritu de respeto. Experimentarán la seguridad de palabras tiernas pronunciadas en forma apacible. Se cobijarán en el refugio que ofrecen un padre y una madre que, viviendo honradamente para con Dios, viven honrada- mente entre ellos y para con su prójimo. Madurarán en un sentimiento de reconocimiento al escuchar a sus padres expresar agradecimiento en oración por las bendiciones gran- des y por las pequeñas. Crecerán con fe en el Dios viviente. Ese vínculo se endulzará y se fortalecerá con el paso del tiempo y permanecerá por toda la eternidad. El amor y el aprecio mutuos crecerán, y con el paso de los años upo podrá decir como una famosa poetisa la hizo: “Cuánto te amo, déjame decirte. Te amo más con el paso de los días. Te amo en silencio ante la luz del sol y ante la apacible de una vela. Te amo libremente, como quien busca lo bueno. Te amó con pureza, como quien lo sencillo anhela. “Te amo con mi aliento, con lo triste y lo alegre que la vida da; y si así Dios lo dispone, mucho más te amaré en.la eternidad.”

Presidente Gordon B. Hinckley

Siempre juntos

Siempre juntos

Para comenzar este nuevo año es bueno recordar algunas cositas importantes, estos mandamientos que en parte pueden parecer un poco chistosos, son en verdad lo que nos ayudará a mantener un matrimonio estable…. leamoslos juntos en pareja y si tenemos que hacer cambios en nuestra vida, bueno, que mejor que comenzar YA!!!

DIEZ MANDAMIENTOS PARA LOS ESPOSOS

  1. Recuerda que tu esposa es tu compañera y no tu propiedad.
  2. No esperes que aparte de ser tu esposa también trabaje por un jornal.
  3. No pienses que tus negocios no le conciernen.
  4. Deberás conservar su amor de la misma manera que lo ganaste.
  5. Harás de la edificación de tu hogar tu primera ocupación.
  6. Deberás cooperar con tu esposa para establecer una disciplina familiar.
  7. Deberás entrar a tu hogar con alegría.
  8. No permitirás que nadie critique a tu esposa en tu presencia, ni a tu padre, ni a tu madre, ni a tu hermano, ni a tu hermana, ni a ningún pariente.
  9. No debes pensar que tu esposa estará de acuerdo en todo.
  10. Recordarás tu hogar y lo mantendrás santo.

DIEZ MANDAMIENTOS PARA LAS ESPOSAS

  1. Honra tu propia condición de mujer para que tus días puedan ser largos y felices en el hogar que tu matrimonio te proveyó.
  2. No esperes que tu marido te de tantos lujos como los que tu padre te ha dado después de muchos años de sacrifico y economía.
  3. No olvides la virtud del buen humor, pues ciertamente todo lo que el hombre tiene lo dará por la sonrisa de una mujer.
  4. No debes regañar.
  5. Debes mimar a tu esposo, pues ciertamente, todo hombre ama a una mujer que le consiente.
  6. Recuerda que la sincera aprobación de tu esposa significa mas para tu felicidad que las miradas de aprobación de extraños.
  7. No olvides la gracia de la limpieza y el buen vestir.
  8. No permitas que nadie te diga que resulta difícil vivir con tu esposo, ni aun tu madre, ni tu hermana, ni tu tía soltera, ni a ningún pariente tuyo, pues en el juicio no serás hallada inocente por dejar a otros menospreciar a tu esposo.
  9. Cuida de tu hogar diligentemente, pues de el saldrá el gozo en los días de tu vejez.
  10. Encomienda tus pasos al señor tu Dios y tus hijos crecerán y te bendecirán.

imagen7Amigos (y en especial  a jòvenes padres) a continuació una lectura muy apropiada que nos invita a reflexionar, precisamente en estas fiestas tan llenas de consumismo……..

A diferencia del pasado cuando primero se pagaban las cosas y luego se disfrutaba de ellas, hoy vivimos bajo la misma filosofía del sistema de crédito: gozando ahora y pagando luego. Lo que a veces se nos olvida es que tarde o temprano hay que pagar… ¡y con intereses!

Hasta mediados del siglo que terminó, en la infancia teníamos que hacernos merecedores de cualquier cosa antes de lograr que nos la dieran. Como a nuestros papás no les interesaba vernos felices sino prepararnos para la vida, nos exigían mucho y nos daban poco. Es decir, en la niñez nos hacían pagar con esfuerzo y méritos todo lo que queríamos, gracias a lo cual desarrollamos la capacidad de esforzarnos por obtener lo que soñábamos y la dicha de valorar lo poco que recibíamos.

Sin embargo, hoy día a los niños se les da todo lo que pidan, y lo que no también, para mantenerlos felices. Así, tan llena como su agenda de actividades es en la actualidad su lista de posesiones y privilegios. Por ejemplo, los niños ahora tienen reloj (que nosotros recibimos como regalo de Primera Comunión) antes de que siquiera reconozcan los números; cama doble y teléfono propio (que nosotros tuvimos cuando nos casamos) desde los 10 o 12 años. Y desde los 6 o 7 años tienen “novio (a)”, ven novelas y películas para mayores, van a fiestas bailables con discjockey y tienen televisión, equipo de sonido, video, DVD, Play Station, I-pod, y hasta computadora personal (mejores que los nuestros) en su propia habitación.

Yo me pregunto ¿qué pueden ambicionar estos niños? ¿Con qué ánimo se van a esforzar por aprender, por capacitarse para ganarse la vida si siempre han obtenido todo sin ningún trabajo? Si lo que queremos es darles lo mejor, ¿será que darles todo lo habido y por haber es en realidad “lo mejor” para ellos?

Lo grave es que en esta forma no sólo están gozando poco en la niñez sino que pagarán caro en la adultez porque al tener tanto no están aprendiendo a lidiar con la frustración ni postergar la gratificación, no aprecian ni agradecen lo mucho que reciben, y no estarán capacitados.

Angela Marulanda
Educadora Familiar

000-00331Mientras se están conociendo, muchas parejas se interesan el uno en el otro al participar juntos en actividades de diversión; después que se casan, están tan ocupados que todo su tiempo juntos se dedica a resolver problemas, trabajar y criar a los hijos. Howard Markman, Scott Stanley y Susan Blumberg hacen la observación de que la atracción entre las parejas no desaparece súbitamente, sino que más bien, “la razón principal de que la atracción disminuya es que descuidan precisamente aquellos aspectos que la hicieron surgir y aumentar en primer lugar: la amistad y la diversión”6. Su recomendación es que ustedes deben apartar un tiempo para entretenerse y tratar de no resolver problemas durante ese período.

La escritora Susan Page descubrió durante su estudio que los matrimonios que tienen éxito pasan mucho tiempo recreativo juntos, lejos de las distracciones del hogar y del trabajo. Las actividades en sí no son tan importantes como la actitud que tengan mientras las lleven a cabo. Page explicó que las parejas felices se entretienen en “bailes, carreras o ejercicio; caminatas, esquí, juegos de voleibol… cenar fuera, ir al cine, al teatro o a conciertos; recibir amigos; jugar juegos de salón”8. Muchas veces, las actividades que disfrutan más son las que cuestan menos.

Los líderes de la Iglesia han enseñado que la recreación fortalece la vida familiar. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles describieron la importancia de tener actividades recreativas edificantes” para establecer un matrimonio y una familia de éxito.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó que la noche de hogar es una buena oportunidad

para que toda la familia se divierta: “Las noches de hogar se deben programar una vez a la semana como un período de esparcimiento y trabajo; para efectuar proyectos, representaciones teatrales, para cantar junto al piano, para llevar a cabo juegos, gustar platillos

especiales y para que la familia ore unida. Así como los eslabones de una cadena van juntos, esta práctica unirá a la familia en amor, orgullo, tradiciones, fortaleza y lealtad”

1.- Fe (Santiago 2:26)

Poner en práctica las enseñanzas de los profetas de la Iglesia, Ej. La orientación familiar, la noche de hogar, etc.

2.- Virtud (DyC 121:45)

Tratar continuamente de controlar cualquier pensamiento indigno que pueda producir obras inicuas.

3.- Conocimiento (DyC 88:118)

Estar leyendo las escrituras a mi familia.

4.- Templanza (DyC 59:16-20)

Controlar los hábitos alimenticios y ejercer la abstinencia en cosas no convenientes para mi cuerpo.

5.- Paciencia (Mat. 5:38-42)

Cuando me siento provocado por una situación familiar me abstengo de desquitarme por medio de palabras o hechos.

6.- Perfección (DyC 84:20)

Con respecto a mi sacerdocio participo dignamente de las ordenanzas y uso este privilegio.

7.- Amor fraternal (DyC 38:24)

Trato a los miembros de mi familia como deseo que me traten.

8.- Caridad (Moroni 7:47)

El amor por Jesucristo prevalece en nuestro hogar por medio de nuestras oraciones y la forma en que nos tratamos mutuamente.

Sí, a los hombres les atrae la belleza, y miles de ellos caen en la trampa que ésta les coloca. Hay miles de hombres que sólo se interesan en la belleza y lo único que les importa es sentir la gratificación de sus sentidos y pasiones. Para ellos, la satisfacción radica únicamente en ganarse a las más bellas, y lo único que hará que ellos se queden junto a ellas es precisamente que sean atractivas, y no bien se desvanece ese atractivo, el deseo superficial los impulsa a buscar sentir gratificación en otra parte. [Un adagio en inglés dice:] ‘La belleza no penetra la piel’, y cuando una muchacha no tiene más que apariencia física, la admiración que ella infunde en los demás es más hueca que su belleza… Mas existe una belleza que todas las muchachas poseen, un don de Dios, tan puro como la luz del sol y sagrado como la vida. Se trata de un tipo de belleza que todos los hombres adoran, una virtud que se granjea las almas de los hombres. Esa belleza se llama castidad. La castidad, así sea sin la belleza a ras de piel, puede engrandecer al alma, pero la belleza a ras de piel sin castidad puede engrandecer sólo a la retina.

La castidad, consagrada en el altar de lo que realmente significa ser mujer, será capaz de retener el amor verdadero por la eternidad” (Gospel Ideals, pág. 450).

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