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Soledad en el matrimonio

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Es increíble, pero lamentablemente es una realidad. Muchos matrimonios sufren de soledad individual!
Genesis 2:18 Después dijo Jehová Dios: «No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él».
Genesis 2:24: Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.
Es evidente que una de las razones más importantes por las que Dios creó el Matrimonio, fue resolver un asunto de soledad y que ambos desarrollaran un compañerismo tal que pudieran verse como una sola carne.
Cuando dos personas se unen en Matrimonio, sueñan con una vida juntos para toda la vida. Sus anhelos e ilusiones tienen que ver con una vida, juntos felices y para siempre. Nadie se casa pensando que se va a separar o a divorciar en un futuro. Nadie se casa pensando que la relación no va a funcionar. Todos nos casamos pensando que esa persona con la que estamos uniendo nuestra vida, es la persona perfecta para nosotros.
Sin embargo, con el paso del tiempo, descubrimos diferencias que tienden a separarnos; muchos caen en la apatía y la rutina insulsa de la vida; no cuidan de su compañerismo y empiezan a separarse emocionalmente poco a poco, hasta que el compañerismo que los unía se va perdiendo; y entonces experimentan una horrible sensación de soledad.
Cuando la Biblia nos enseña que “seremos una sola carne”, habla de un nivel de intimidad y compañerismo inseparable. Dos compañeros que emprenden juntos la aventura de la vida, en la que formarán una familia y encontrarán muchas alegrías, muchos sinsabores, muchos éxitos y muchos fracasos, tiempos de paz y tiempos de guerra, encontrarán tiempos de felicidad y también tiempos de tristeza. Pero lo más importante es que esos dos compañeros estén dispuestos a apoyarse mutuamente tanto para disfrutar de las cosas buenas de la vida, como para enfrentar las dificultades, unidos como un solo bloque.
Eclesiastés 4:9-11 Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo levante. También, si dos duermen juntos se calientan mutuamente, pero ¿cómo se calentará uno solo?
En una vida de compañerismo, si uno cae, se equivoca, o falla, o hace algo indebido; la función del otro es “levantarlo”, animarlo, apoyarlo; no criticarlo, ni juzgarlo, ni acusarlo. Dos compañeros de viaje, están pendientes si su compañero se resbala, para inmediatamente tenderle una mano y levantarlo. Pero muchos matrimonios hacen lamentablemente lo contrario. Si el cónyuge comete un error, ahí mismo le caen encima, lo acusan, lo juzgan, lo critican con una actitud realmente destructora del compañerismo que se supone deben vivir.
Cuando se cometen errores, se debe hablar del tema, pero de forma constructiva, expresándose mutuamente el apoyo necesario para procurar que no se vuelvan a cometer esos errores. El enfoque sería algo como: “Mi amor, no te preocupes, quiero que cuentes conmigo para ayudarte en lo que sea necesario, así como yo cuento contigo para evitar cometer errores, pero si los cometemos, siempre nos apoyaremos y juntos saldremos adelante.” Dios bendice y prospera los matrimonios “compañeros”.
Si tu matrimonio ha sufrido o sufre de “soledad”, si has estado distante, pídele perdón a tu cónyuge y toma la decisión de convertirte en el (la) mejor compañero(a) de tu cónyuge. Toma la decisión de no juzgarle, de no criticarle, de no maltratarle en modo alguno. Más bien toma una actitud de “compañero” que siempre estará ahí para levantar al otro. Hoy por ti, pero seguramente mañana por mí!

Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

La parábola del matrimonio

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Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. – Nos amamos – empezó el joven. – Y nos vamos a casar – dijo ella. – Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. – Por favor – repitieron – ¿hay algo que podamos hacer? El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. – Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada. – No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo. – Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? La joven asintió en silencio. – Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe. – ¿Volaban alto?- preguntó el brujo. – Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? – No – dijo el viejo-. – Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-. – No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse. Este es el conjuro… -Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados. ¿Qué más se puede agregar? Es triste ver a una pareja separarse por poner los intereses propios sobre los de la otra persona. Y por el otro lado, es muy placentero sacrificar los propios para dar el primer lugar de nuestro corazón a nuestro ser amado. No hay nada más hermoso en esta vida, ni nada más vivificante que amar. ¿Qué importa si sacrificamos aún nuestra vida por la persona que tenemos al lado, si vamos a recibir ese don celestial, el más preciado que el ser humano puede poseer: amor? El recibir amor es el mejor regalo que uno puede tener, y está en nosotros nutrir ese amor día a día, paso a paso, un poco aquí y un poco allí, para que perdure en el tiempo. ¿Qué pasa si en un bote de dos remos, sólo una persona rema? El bote da vueltas, y no avanza, hasta que la persona que rema se cansa y todo termina ahí. “Amar” no significa “sentir”, sino “actuar”. “El amor (…) no busca lo suyo.” (1 Corintios 4, 5)

Manteniendo viva la magia en el matrimonio

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Con las crecientes responsabilidades, la vida suele volverse muy agitada. Niños, trabajo y llamamientos en la Iglesia van requiriendo cada vez más atención y muchas veces la relación del matrimonio inconscientemente va perdiendo lugar en la lista de prioridades. Pero hay que tener en cuenta que los niños crecen y se van, llega el retiro en el trabajo al igual que los relevos en los llamamientos eclesiásticos. Entonces, cuando más deberíamos disfrutar de la vida con nuestro cónyuge, nos encontramos con una realidad: que hemos descuidado peligrosamente nuestra vida matrimonial. Por tal motivo, es de suma importancia que demos una especial atención a mantener nuestra relación de pareja activa y divertida, algo que podremos lograr con pequeños detalles y sin descuidar nuestras otras responsabilidades, si es que nos lo proponemos. Para ello, una sugerencia para tener en cuenta:

Acuerden una noche a la semana para tener una cita como pareja. Es una de las mejores decisiones que uno puede tomar para mantener la magia en el matrimonio. Una noche a la semana reservada para el matrimonio. Si surge un compromiso inevitable, todavía se puede cambiar para otra noche. Estas citas no necesariamente tienen que significar gastos. Cuando hay niños pequeños, encontrar quien se quede con ellos puede ser un tema a resolver, pero seguramente hay familiares o amigos dispuestos a cuidarlos por algunas horas; se puede pedir ayuda a las mujeres jóvenes del barrio o combinar con otro matrimonio para intercambiar favores en el cuidado de los niños, para que ambos puedan disfrutar de la cita semanal. Uno puede cuidarlos el viernes y el otro el sábado. Si uno se lo propone, la solución aparecerá. Además, la salida no necesariamente tiene que durar muchas horas; lo que en verdad importa es la calidad que le demos a ese tiempo. Para ello conviene respetar algunas pocas reglas:

1.- Límite del 50% en la conversación sobre los niños. Mientras estemos en la cita, respetar esta regla es fundamental. Sólo un 50% del tiempo está permitido hablar sobre los niños. Puede ser un desafío muchas veces pero es importante cumplirlo. Hablemos de nuestros proyectos, eventos recientes, trabajo, metas, hobbies, películas, libros, etc. Cualquier tema en el 50% restante, menos hijos. Es importante sacarse los sombreros de ‘mamá’ y ‘papá’, y ponerse el de esposos.

2.- No caer en la rutina. Hay que ser creativo y no caer en hacer lo mismo cada semana.

3.- Recordar que se está en una cita. Puede ser que estar en shorts y pantuflas nos haga sentir más cómodos; que afeitarse, peinarse, maquillarse, y cualquier otra preparación para salir requiera algún esfuerzo, pero solamente hay que recordar cuanto uno cuidaba esos aspectos en la época de noviazgo para darle la importancia que tiene. Aunque nos hayamos casado, la cita conserva el nivel que tenía en aquellos años.

4.- Prohibido hablar de problemas. La cita no debe convertirse en una sesión de desahogo personal. Ambas partes pueden haber tenido días de tensión, pero no se debe usar ese tiempo para descargarse. Es un tiempo para disfrutar, para reconfirmar la conquista mutua cada semana, para compartir los intereses que nos unieron y para divertirse. Hablar sobre lo que haremos cuando los hijos se vayan de la casa y trabajar sobre esos proyectos nos ayudará en el momento en que esos tiempos lleguen.

5.- Apagar celulares. Hoy los teléfonos celulares han logrado inmiscuirse en las vidas de las personas como virus poderosos y agresivos. Se los escucha sonar en cines, teatros, conciertos, reuniones de todo tipo, almuerzos, entrevistas, colectivos, y en todo lugar de la casa. Pareciera que todo puede esperar, menos el sonido del celular. Pero durante la cita, debe ser una ley apagarlo o también terminará interfiriendo en la pareja.

6.- Disfrutar del cortejo. El cortejo no se limita al noviazgo. Es importante mantenerlo a través de los años de matrimonio. El trato especial del uno hacia el otro, el deseo de estar atractivo y arreglado para el compañero, el buen humor, la cortesía y el deslumbrar son aspectos fundamentales para tener en cuenta siempre, pero con más razón en la cita.

Nuestro matrimonio es una sociedad eterna, con un potencial glorioso y divino. Ningún otro proyecto o interés debe anteponerse y si bien las responsabilidades familiares, laborales y/o eclesiásticas por épocas pueden generar una carga importante, no sería sabio que les demos prioridad. Puede que en momentos nos requieran cantidades de tiempo importante pero nunca al punto de ganar lugar en nuestra escala de intereses. Una cita a la semana, si bien en horas no signifique mucho, en la relación puede ser fundamental.

Piedras angulares del matrimonio feliz

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Jose Smith y Emma.
Jose Smith y Emma.

I. RESPETO MUTUO

 

La primera de estas cuatro piedras angulares es el respeto mutuo. Cada uno de nosotros es una persona distinta; somos entes autónomos. Y esas cosas que nos hacen diferentes merecen ser respetadas. Y aun cuando es necesario que el hombre y la mujer se esfuercen por acortar tales diferencias, se deben reconocer que existen y que no son necesariamente indeseables. Debe existir respeto del uno para con el otro, por encima de esas diferencias. De hecho, son precisamente esas diferencias las que hacen el matrimonio algo más interesante. Por mucho tiempo he sostenido que la felicidad en el matrimonio no depende tanto del romanticismo como del constante interés hacia el bienestar del cónyuge. Eso requiere estar dispuesto a pasar por alto debilidades y errores. Un hombre dijo: “El amor no es ciego -el amor ve más, no menos. Pero precisamente por ver más, está dispuesto a ver menos.” Oulius Gordon, Treasure Chest, ed. Charles L. Wallis [New York: Harper 'lnd Row, .1965], pág. .168.) Muchas son las personas que deben dejar de buscar errores y comenzar a reconocer las virtudes. U n conocido escritor declaró en una oportunidad que “la esposa ideal es cualquier mujer casada con un hombre ideal”. (Booth Tarkington, Looking Forward and Others [1926], pág. 97.) Lamentablemente, hay mujeres que quieren volver a crear a sus respectivos esposos conforme a su diseño. Algunos esposos lo aceptan como su prerrogativa a fin de esperar que sus esposas se ajusten a aquellas normas que ellos consideran ideales. Eso jamás da resultado. Lleva únicamente a la contención, a la falta de comprensión ya la amargura. Debe existir respeto hacia los intereses mutuos. Debe haber oportunidades y estímulos para el desarrollo y la expresión de los talentos individuales. Todo hombre que niega a su esposa el tiempo y el estimulo para que ella desarrolle sus talentos se niega así mismo ya sus hijos una bendición que podría engalanar su hogar y su vida. Es común que digamos que somos hijos e hijas de Dios. El evangelio no ofrece ninguna base para suponer que exista superioridad e inferioridad entre el hombre y la mujer. ¿Es que acaso creemos que Dios, nuestro Padre Eterno, ama menos a sus hijas que ha sus hijos? Ningún hombre puede menospreciar a su es- posa e interiorizarla como hija de Dios sin ofender al hacerlo a su Padre Celestial. Me ofende la sofistería de que para lo único que sirve una mujer Santo de los Últimos Días es para “estar confinada en la casa y embarazada”. Se trata de una frase astuta, pero falsa. Por supuesto que creemos en tener hijos. El Señor nos dijo que nos multiplicáramos en la tierra a fin de poder tener gozo en nuestra posteridad, y no hay mayor gozo que aquel que deriva de tener hijos felices y darles un buen hogar. Pero el Señor no ha especificado cantidad alguna ni tampoco lo ha hecho la Iglesia. Ese es un asunto que queda entre la pareja y el Señor. La declaración oficial de la Iglesia en este asunto dice lo siguiente: “Los esposos deben ser considerados para con sus respectivas esposas, quienes tienen la mayor responsabilidad no solamente de dar a luz a los hijos sino de velar por ellos desde su infancia, y deben ayudarlas a conservarse saludables y fuertes. Las parejas casadas deben ejercer autocontrol en todos los aspectos de su relación. Deben procurar la inspiración del Señor en todas las instancias de su vida matrimonial y en la crianza de sus hijos conforme a las enseñanzas del evangelio.” (Manual general de instrucciones, sección 11, “Normas”) Esposos, esposas, respétense mutuamente y vivan dignos de ese respeto mutuo. Cultiven esa clase de respeto que se expresa a sí mismo en la bondad, en la contemplación, en la paciencia, en el perdón, en el verdadero afecto, sin prepotencia y sin exceso de autoridad.

II. LA BLANDA RESPUESTA

Ahora paso a la segunda piedra angular. Por carecer de una definición mejor, la llama- ré “la blanda respuesta”. El escritor de los Proverbios declaró hace mucho tiempo: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios15:1). A menudo escucho quejas de hombres y mujeres en el sentido de que no se pueden comunicar entre sí. Es posible que yo sea muy ingenuo, pero es algo que no puedo entender. La comunicación está basada en gran parte en la conversación. Toda pareja tiene que haber tenido algo de comunicación cuando estaban de novios. ¿Es que acaso no pueden seguir hablando?… ¿Hay acaso algo que les impida analizar juntos en una forma sincera, espontánea y feliz todos sus intereses, sus problemas y sus aspiraciones? Personalmente considero que la comunicación está basada en el hablar el uno con el otro. Hagamos que esa conversación sea blanda, placentera, la conversación manda ese lenguaje, es el lenguaje de la paz, es el lenguaje de Dios Es precisamente cuando levantamos la voz que los pequeños peñascos de las diferencias se transforman en montañas de conflictos. Me da la impresión de que hay algo bastante significativo en la descripción de Elías cuando disputó con los sacerdotes de Baal: “Un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas.” Se trata de una descripción vivida de algunas de las discusiones que tienen lugar entre esposo y esposa, pero el autor de este pasaje de las Escrituras agrega: “Pero Jehová no estaba en el viento. y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego.. y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12). La voz de los cielos es un silbo apacible y delicado. También) lo debe ser la voz de paz en el hogar . Existe una gran necesidad de disciplina en el matrimonio, y no disciplina impuesta sobre el cónyuge, sino sobre uno mismo. Esposos y esposas, recuerden que ‘¡mejor es el que tarda en airarse que el fuerte” (Proverbios 16:32) Cultiven el arte de la respuesta blanda. Será una bendición para sus hogares, para sus vidas, para el matrimonio en sí y para los hijos.

III. HONRADEZ EN LA ECONOMIA

La piedra angular número tres es la honradez en la economía. He llegado a la conclusión de que el dinero es causa de mayor discordia en el matrimonio que todas las demás causas combinadas. Sé que no hay mejor disciplina ni otra más merecedora de bendiciones que la obediencia al mandamiento dado al antiguo Israel mediante el profeta Malaquías: “Traed todos los diezmos al alfolí y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielo.”, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3: 10). Aquellos que viven honradamente para con Dios casi de seguro vivirán honradamente para con su prójimo. Al asegurarse de cumplir con el pago de su diezmo y ofrendas, ganarán disciplina en la administración de sus propios recursos. Vivimos en una época de propaganda persuasiva y de habilidosos vendedores, todo ello con el fin de inducirnos a gastar. Un esposo o esposa de hábitos extravagantes puede poner en peligro cualquier matrimonio. Considero que es un buen principio que todos tengamos algo de libertad en nuestros gastos cotidianos, pero que al mismo tiempo analicemos y lleguemos a acuerdos en cuanto a gastos mayores. Nos enfrentaríamos a menos decisiones apresuradas, amenos inversiones insensatas, a menos consecuentes pérdidas ya menos bancarrotas si el marido y la mujer se sentaran y analizaran tales asuntos juntos y buscaran el consejo de otras personas. Sean honrados para con él. Señor. Sean honrados el uno para con el otro como matrimonio. Sean honrados para con el prójimo. Hagan del pago de sus deudas a tiempo un principio cardinal en sus vidas. Consúltense mutuamente y sean unidos en las decisiones que tomen, y el Señor Ies bendecirá por esto.

IV. ORACION FAMILIAR

La piedra angular final sobre la cual edificar una familia es la oración familiar. No sé de ninguna otra práctica que tenga un efecto más saludable en la vida de una familia que la de inclinarse juntos en oración. Las palabras “Nuestro Padre Celestial.” en sí tienen un efecto enorme. Uno no puede pronunciarlas con sinceridad y reconocimiento a menos que se sienta responsable hacia Dios. Las pequeñas tormentas que parecen afligir a todo matrimonio adquieren poca consecuencia cuando uno se arrodilla ante el Señor y se dirige a Él en súplica. Las conversaciones diarias que tengan con El, llevaran una paz al corazón y una dicha… El compañerismo se enternecerá con el paso de los años, y el amor se fortalecerá. El aprecio mutuo crecerá. Los hijos se verán bendecidos con un sentimiento de seguridad que deriva de vivir en un hogar en donde rodea el Espíritu de Dios. Ellos aprenderán a amar a padres que se aman entre sí y nutrirán sus corazones con un espíritu de respeto. Experimentarán la seguridad de palabras tiernas pronunciadas en forma apacible. Se cobijarán en el refugio que ofrecen un padre y una madre que, viviendo honradamente para con Dios, viven honrada- mente entre ellos y para con su prójimo. Madurarán en un sentimiento de reconocimiento al escuchar a sus padres expresar agradecimiento en oración por las bendiciones gran- des y por las pequeñas. Crecerán con fe en el Dios viviente. Ese vínculo se endulzará y se fortalecerá con el paso del tiempo y permanecerá por toda la eternidad. El amor y el aprecio mutuos crecerán, y con el paso de los años upo podrá decir como una famosa poetisa la hizo: “Cuánto te amo, déjame decirte. Te amo más con el paso de los días. Te amo en silencio ante la luz del sol y ante la apacible de una vela. Te amo libremente, como quien busca lo bueno. Te amó con pureza, como quien lo sencillo anhela. “Te amo con mi aliento, con lo triste y lo alegre que la vida da; y si así Dios lo dispone, mucho más te amaré en.la eternidad.”

Presidente Gordon B. Hinckley

10 Mandamientos para los esposos y esposas

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Siempre juntos
Siempre juntos

Para comenzar este nuevo año es bueno recordar algunas cositas importantes, estos mandamientos que en parte pueden parecer un poco chistosos, son en verdad lo que nos ayudará a mantener un matrimonio estable…. leamoslos juntos en pareja y si tenemos que hacer cambios en nuestra vida, bueno, que mejor que comenzar YA!!!

DIEZ MANDAMIENTOS PARA LOS ESPOSOS

  1. Recuerda que tu esposa es tu compañera y no tu propiedad.
  2. No esperes que aparte de ser tu esposa también trabaje por un jornal.
  3. No pienses que tus negocios no le conciernen.
  4. Deberás conservar su amor de la misma manera que lo ganaste.
  5. Harás de la edificación de tu hogar tu primera ocupación.
  6. Deberás cooperar con tu esposa para establecer una disciplina familiar.
  7. Deberás entrar a tu hogar con alegría.
  8. No permitirás que nadie critique a tu esposa en tu presencia, ni a tu padre, ni a tu madre, ni a tu hermano, ni a tu hermana, ni a ningún pariente.
  9. No debes pensar que tu esposa estará de acuerdo en todo.
  10. Recordarás tu hogar y lo mantendrás santo.

DIEZ MANDAMIENTOS PARA LAS ESPOSAS

  1. Honra tu propia condición de mujer para que tus días puedan ser largos y felices en el hogar que tu matrimonio te proveyó.
  2. No esperes que tu marido te de tantos lujos como los que tu padre te ha dado después de muchos años de sacrifico y economía.
  3. No olvides la virtud del buen humor, pues ciertamente todo lo que el hombre tiene lo dará por la sonrisa de una mujer.
  4. No debes regañar.
  5. Debes mimar a tu esposo, pues ciertamente, todo hombre ama a una mujer que le consiente.
  6. Recuerda que la sincera aprobación de tu esposa significa mas para tu felicidad que las miradas de aprobación de extraños.
  7. No olvides la gracia de la limpieza y el buen vestir.
  8. No permitas que nadie te diga que resulta difícil vivir con tu esposo, ni aun tu madre, ni tu hermana, ni tu tía soltera, ni a ningún pariente tuyo, pues en el juicio no serás hallada inocente por dejar a otros menospreciar a tu esposo.
  9. Cuida de tu hogar diligentemente, pues de el saldrá el gozo en los días de tu vejez.
  10. Encomienda tus pasos al señor tu Dios y tus hijos crecerán y te bendecirán.

Diviértanse juntos

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000-00331Mientras se están conociendo, muchas parejas se interesan el uno en el otro al participar juntos en actividades de diversión; después que se casan, están tan ocupados que todo su tiempo juntos se dedica a resolver problemas, trabajar y criar a los hijos. Howard Markman, Scott Stanley y Susan Blumberg hacen la observación de que la atracción entre las parejas no desaparece súbitamente, sino que más bien, “la razón principal de que la atracción disminuya es que descuidan precisamente aquellos aspectos que la hicieron surgir y aumentar en primer lugar: la amistad y la diversión”6. Su recomendación es que ustedes deben apartar un tiempo para entretenerse y tratar de no resolver problemas durante ese período.

La escritora Susan Page descubrió durante su estudio que los matrimonios que tienen éxito pasan mucho tiempo recreativo juntos, lejos de las distracciones del hogar y del trabajo. Las actividades en sí no son tan importantes como la actitud que tengan mientras las lleven a cabo. Page explicó que las parejas felices se entretienen en “bailes, carreras o ejercicio; caminatas, esquí, juegos de voleibol… cenar fuera, ir al cine, al teatro o a conciertos; recibir amigos; jugar juegos de salón”8. Muchas veces, las actividades que disfrutan más son las que cuestan menos.

Los líderes de la Iglesia han enseñado que la recreación fortalece la vida familiar. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles describieron la importancia de tener actividades recreativas edificantes” para establecer un matrimonio y una familia de éxito.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó que la noche de hogar es una buena oportunidad

para que toda la familia se divierta: “Las noches de hogar se deben programar una vez a la semana como un período de esparcimiento y trabajo; para efectuar proyectos, representaciones teatrales, para cantar junto al piano, para llevar a cabo juegos, gustar platillos

especiales y para que la familia ore unida. Así como los eslabones de una cadena van juntos, esta práctica unirá a la familia en amor, orgullo, tradiciones, fortaleza y lealtad”